Sábado 8am. Me levanto y me dispongo a desayunar, ya no puedo dormir más. He pasado una mala noche. 3000 astillas se alojan en mi garganta y no me dejan tragar, más la tos seca que tengo… mi madre ya desayunando. Me pongo codo con codo con ella y ojeo la prensa mientras me bebo un café. Ella, mi madre, saca su vena maternal y me dice: «si que estás tú bueno para correr, sería mejor que descansaras…» yo, simplemente la miro. La carrera es a las 16:30 en Azkoitia, pero antes de nada hay que ir a trabajar. A las 10 llego al Ikea y preparamos todo para el servicio de la mañana. Mientras, voy localizando a Álex y Vanessa, que son mis amigos de Azkoitia y los que van a hacer posible el que pueda correr esta carrera. Les he mareado de lo lindo, Gracias Álex y Vanessa por acogerme tan bien, por abrirme las puertas de vuestro pueblo. Me lo pasé genial a pesar de no tener casi tiempo para disfrutar de vuestra compañía. 

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Son las 15:20 y escucho un «Asier, marcha ya, ya termino yo esto. Y llámame cuando termines». Es la voz de Iñaki, mi jefe. Me deja marchar antes de tiempo. Creo que me ve un poco nervioso, puesto que no sé si llegaré pelado de tiempo a Azkoitia. Gracias jefe por tener estos detalles conmigo y apoyarme tanto en esta locura. Son las 16:15, estoy entrando a Azkoitia, veo a un chico haciendo bici, con lluvia, con frío… lo primero que pienso es: «ole tus huevos, vaya krak”. A mí me gusta la gente que haga el tiempo que haga sale a andar, correr, a hacer bici… resulta que cuanto más me acerco al txirrindulari, más me suena su cara. ¡¡Es Álex!! Le pito desde el calor y la comodidad de mi coche, me reconoce y me hace una señal para que le siga. A medio camino está Vanessa. Me relajo. Ya tengo el dorsal y estoy en compañía. Ya no estoy perdido. Aparco el coche debajo de casa de Álex y preparo mi dorsal. Mientras, Álex deja la bici y Vanessa me da consejos: «aquí la gente sale muy rápido…». Llegamos a la salida y Álex me presenta a su cuadrilla de Korrikalaris. Todos con un físico trabajado, de estos a los que se les notan todos los huesos de la cara, completamente definidos… me dice Álex que irán a 4 minutos el km.(esa es la idea inicial… luego ya se que pasa, como todos nos calentamos y bajamos el tiempo que nos establecemos…)  Yo le digo que tiren sin mí, (obviamente no estoy para correr a esos tiempos) que voy a correr los 5 primeros km a 4,20/4:30 para calentar bien y luego me exprimiré un poco. 

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Comienza la carrera. Una salida rápida, sin agobios, una buena vía para hacer una salida, con una buena recta y una curva a 400 metros. Me adelanta gente por todos lados, yo no adelanto a nadie. Termino mi primer km a 4:36 y me digo: «acelera un poco, que te vas a quedar dormido.» Acelero y empiezo a pasar a algunos corredores. Total, que el km 2 marco un tiempo de 4:10 y pienso: «los 5 primero km eran suaves y ya vas a ¿4:10?» Bah! decido tirar, hacer mi carrera. Adelanto a gente, mis piernas responden, mi corazón bombea sin queja alguna. Lo único la garganta, ya está doliendo otra vez. La lluvia, el frío y el respirar por la boca hace que se me irrite la garganta y al ir como iba, todavía duele más. Me olvido de ella, sigo adelantando a gente, corro y corro. 3:58 el km 3, 4:01 los siguientes 2km…  km 5, avituallamiento. Cojo una botella de agua y le doy un trago. Noto como el agua se abre paso por mi garganta y duele. Tiro el botellín y toso, casi me ahogo. No me gusta beber en estas distancias, pero por mi garganta lo tengo que hacer. Entro en ritmo de carrera y en mis pequeños trances; esos momentos en los que estás corriendo y puedes estar pensando en cualquier cosa, la lista de la compra, las cosas que tienes que hacer en el curro…  yo estaba pensando en el poder de la mente. ¿Son tan dolorosas las molestias de mi garganta? ¿O son solo excusas que pone mi mente por si fracaso? Llego a la conclusión de que simplemente es un dolor mental, como cuando no puedes dormir un día a las 3 de la mañana y oyes el ruido de una gota caer, que casi ni se aprecia, pero tu mente hace que cada vez esa gota se oiga más fuerte, más cerca, hasta llegar casi a desquiciarte. Ahora entiendo lo que es correr al 100%, correr es muy duro. Cada día me doy más cuenta de que esto no es broma. Hablo del reto maratón. 
Me hace gracia cuando escucho las típicas frases de estos deportistas «súper pros» que te dicen: «anda macho, que estas preparando un maratón, no un ironman» y este montón de frases… Los llamo deportistas «súper-pro» porque normalmente se creen que son dioses, porque hacen más que los demás, pero no dejan de ser como yo, personas. Manda narices que la gente que se dedica profesionalmente al deporte te anime y te aliente y que algunos deportistas AMATEUR o de sillón, digan estas lindezas. Va por vosotros, porque somos muchos los que nos fijamos retos que para muchos son «chorradas». Por eso mismo respeto y respetaré a las personas que hacen algo, me da igual el qué. Ir un día a la semana a pasear, a nadar, a lo que sea. Aquí tenéis mi apoyo, mi firme apoyo. Corras 3 km o hagas una ultramaratón. Hazlo por ti, no escuches lo que te digan los demás. Demuéstrales que puedes, poco a poco lo que era una «chorrada» para el resto, se convertirá en un respeto.

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Mi mente vuelve a la cabeza, estoy de nuevo en la carrera. Miro el reloj, estas divagaciones han hecho que me relaje, 4:13 y 4:14 los km 7 y 8. Decido volver a tirar, tirar con fuerza. Me siento bien, vuelvo a rodar el km 9 en 4:01. En el fondo me asusta correr a estos ritmos. No sé si luego seré capaz de terminar la carrera. Sigo adelantado a grupos. Ya está estabilizada la carrera y la gente va haciendo pequeños grupos por ritmos, yo todavía no sé correr así, me gusta correr por estímulos, por sensaciones y sobre todo, solo. Me gusta correr con mi soledad. 3:53min/km, 3:58, 4:04, 3:59… km 13, voy haciendo tiempazos para mí. No me lo puedo creer, una curva a la izquierda y me cierro, no del todo, me doy cuenta que alguien está corriendo a la par que yo, adelantando a los grupos. Levanto la mano y le pido perdón. Me contesta un «tranquilo, vamos muy bien, deben de ser la zapatillas» me río… le miro, me fijo en sus zapatillas y veo que son las mismas. Levanto la vista y le veo con la camiseta de «apadrinakilometros». Me acuerdo de Aitor. Me explica que enseguida entramos en Azpeitia, que viene una cuesta abajo y que hay recuperamos (gracias por los consejos krak!). Km 14 a 4:00. se me empieza a ir. Mi socio de carrera es más rápido que yo, unos segundos más rápido, pero se va. Puedo apretar y seguirle, pero decido no hacerlo, es un ritmo muy alto para mí. 

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Oigo gritos, la megafonía, la palabra «record», aplausos… es el km 15, la recta de meta, a mí me quedan 6km para terminar, pero en dirección contraria me encuentro con un gran espectáculo: están entrando a meta los keniatas Alex Korio y Edwin Kipsag… me asusto. Lo primero que pienso es un «hijos de puta». Pido perdón a vuestras madres, pero eso pensé. Han bajado de una hora su tiempo en la media maratón de Azkoitia y a mí me queda un mundo. La verdad es que es impresionante verles correr en directo. No sé como describir ese momento, simplemente te quedas embobado. 3:59, 4:01… ya estoy en el km 16 y noto el cansancio y a mi garganta diciendo basta. Cojo otro botellín de agua, bebo y toso. Toso mucho, me vuelvo a ahogar con las flemas. Decido tomarme un gel, al final he comido a las 12, es normal tener este bajón. 4:14 el km 17, 4:09 el km 18, 4:21 el km 19, estaba notando un bajón cuando de repente oigo «Urbina!!! dale, dale, son los últimos 2 km! Vamos, eh!». Es Álex, que está al otro lado de la carretera. Me saca 4 minutos fácilmente, pero me animo mucho. Álex es otro portento. La verdad es que es un krak. Un deportista amateur, que entrena duro cada día simplemente por lograr sus metas. Una persona que nunca te va a decir un «no lo hagas», siempre te anima, siempre tiene unas palabras de aliento, de apoyo para los suyos, y es de agradecer. Aprieto los dientes y hago los últimos 2km a 4:11 y 4:16 respectivamente. «Se acabó». Mi mejor tiempo en una media maratón. 1:28:28. Estoy muy feliz. Por ahora, cada vez que he tenido una carrera, he bajado los tiempos, así que no me puedo quejar. Veo que los entrenamientos dan sus frutos. Otra cosa que he aprendido, y con la que flipo, es la recuperación en carrera. Yo hasta hace poco, si me cansaba, directamente me paraba y punto. Me pasó parecido en la Bilbao-Bilbao (116km en bici). En el km 60 después del avituallamiento el puerto me sentó como una patada en los mismísimos. Pero no paré, simplemente bajé un poco el ritmo, me lo tomé con filosofía, y en unos kilómetros estaba otra vez al 100%. 

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Termino la carrera y ahí están animando Vanessa y Álex. Por cierto, Vanessa se hizó un maratón. Lo mismo la veía en un lado, que en otro, que en otro… ¡gracias por los ánimos! 
Nos vamos a la duchita, que a la tarde hay que volver a currar. Lástima no haber estado más tiempo con vosotros. 
A las 20:00 llego a Ikea. Estoy un poco jodido de la garganta y con el estómago frío. Tengo muy mal cuerpo, pero tras dos infusiones y cenar algo vuelvo a recuperar. Recupero tanto que acabo a las 4:30am el día, ¡hay que celebrar el cumpleaños de Igor! ¡Ja ja ja! 

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