Pues eso, que me queda poco menos de un mes, y la verdad es que las vacaciones, me han matado. Ahora diréis, ¿Si las vacaciones han sido hace tiempo? Pues sí, pero escribo este post, para contaros un poco, lo que me ha ocurrido estas últimas semanas.

 

Antes de irme de vacaciones, estaba fino, fino, con fuerza para todo, no había entreno que se me resistiera. Estaba hecho un toro. El problema de las vacaciones fue ese pequeño parón, ese descanso súper merecido que me di, ese gran homenaje. Volví con algo de sobre peso, pero con las pilas cargadas. Se puede decir que vine a tope. Psicológicamente con fuerzas para entrenar muy duro. Pero por el contrario…. Con pereza, mucha pereza. Se vive tan bien haciendo poco. Tu cuerpo enseguida se acostumbra, empiezas con las escusas… te dices: “bueno esta semana que acabo de llegar de vacaciones, me la tomaré con calma, para volverme a acostumbrar” y en el tema alimentación como ya tienes esa escusa te dices: “ya comeré bien cuando coja otra vez la rutina de entrenos de antes, mientras voy a seguir comiendo de todo y con descontrol”.

 

 

Sales a correr, mismas pulsaciones, mismo recorrido, mismo clima… pero tu cuerpo se ha vuelto zángano, no corres. En dos semanas pierdes mucho. Y el parón de vacaciones que significaba venir a tope y  recargado,  con ganas de comerte el mundo, se convierte en una desesperación. Piensas: “meses de entreno duro, alimentación, ¿para que en dos semanas pierdas todo?” y te empiezas a adentrar en una espiral de negatividad…. Tu cuerpo se queja, te duele la rodilla, no tienes alegría…

 

Sigues con el planning de entrenamientos pero te falta la chispa. Ayer fue el último día de esa espiral de negatividad. Como me caracteriza, di dos golpes en la mesa, y… “Asier, un mes y poco ponte las pilas y póntelas ya!!!” Y aquí estoy, volviendo a correr con ilusión. Rompiendo esta espiral y  dándole duro. Al final te das cuenta que este parón no es tan grave. En 10 días de trabajo vuelves a recuperar o incluso mejorar el nivel que dejas antes de irte de vacaciones.

 

Para los que lleváis mucho tiempo entrenando para alguna disciplina, lo habéis vivido. Para mi es algo relativamente nuevo. Estas “depresiones” dentro de un planning de trabajo son de lo más normal. Esta mañana, después de correr he mirado los totales de carrera que tengo desde noviembre. No sé, juzgar vosotros mismos. No es momento de zanganear y tirar por tierra el trabajo anterior. Es momento de darlo todo, de sufrir como nunca, ¡De vaciarmeee! Un mes y poco, un sueño, una superación para mí. 

 

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